Donde vas a estar cuando llegue el lobo?
Hay una advertencia que la cultura guardó en su forma más simple y que la arquitectura prefirió olvidar: el cuento de los tres cerditos. No es un cuento sobre la pereza. Es un cuento sobre la previsión, sobre el costo de construir bien y el precio de construir rápido. Dos hermanos eligieron la comodidad inmediata. Uno eligió el trabajo lento de la piedra. Cuando llegó el lobo —y en el cuento el lobo siempre llega— sólo una casa quedó en pie. La pregunta que el cuento le hace a cada generación es incómoda y concreta: ¿dónde vas a estar cuando llegue el lobo?
El lobo contemporáneo no sopla. Tiene la forma de una red eléctrica que colapsa en pleno invierno, como ocurrió en Texas en 2021, cuando millones de hogares quedaron sin calefacción durante días y hubo muertos por frío en sus propias casas. Tiene la forma de una cadena de suministro que se interrumpe y vacía las góndolas en setenta y dos horas. Tiene la forma de un sistema de agua que se contamina, de un apagón que dura, de un precio que se dispara, de una crisis que llega sin pedir permiso. El lobo es cualquier interrupción del flujo del que dependemos sin haberlo decidido nunca conscientemente. Y la casa contemporánea, esa que aplaudimos por transparente y conectada, es exactamente la casa de paja: cae con el primer soplido serio.