Pabellón Cannava 2022
La Rural, Avenida Sarmiento, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina — 2022
En un tejido urbano cada vez más denso, Lugones 1787 propone una forma alternativa de vivienda colectiva: espacios compactos pero generosos, donde la vegetación, la luz y el exterior cotidiano recuperan cualidades propias de la vida en una casa. El proyecto evita el exceso y la espectacularidad para enfocarse en una arquitectura honesta, precisa y profundamente habitable, donde cada decisión espacial busca mejorar la experiencia diaria de quienes lo habitan.
Lugones 1787 nace de una búsqueda clara: transformar la lógica tradicional del departamento urbano compacto en una experiencia más cercana a la de una vivienda individual. El proyecto parte de entender que, incluso en edificios de pequeña escala, es posible recuperar atributos esenciales del habitar doméstico contemporáneo: el contacto cotidiano con el exterior, la presencia de vegetación, la expansión privada y la flexibilidad espacial.
Cada unidad incorpora expansiones reales y utilizables como parte integral de la vivienda. Lejos de entender los balcones como simples superficies accesorias, el proyecto los convierte en verdaderas extensiones habitables capaces de alojar encuentros, descanso, cocina exterior y vida cotidiana al aire libre. Las terrazas con parrilla y los jardines privados forman parte activa de la experiencia espacial de cada departamento, ampliando visual y funcionalmente los interiores.
La continuidad entre interior y exterior se refuerza mediante grandes carpinterías, vegetación integrada y una organización espacial que busca extender la percepción del espacio más allá de sus límites físicos.
El edificio se organiza a partir de una estructura rigurosa y contenida, donde la modulación y la repetición permiten construir una arquitectura sobria, eficiente y atemporal. La expresión material evita cualquier gesto ornamental innecesario y se apoya en pocos elementos claramente definidos: hormigón expuesto, planos oscuros, carpinterías profundas y vegetación continua.
La profundidad de las terrazas y la repetición de las losas generan una fachada con fuerte presencia horizontal, donde los llenos y vacíos construyen un ritmo sereno y equilibrado. La estructura no busca ocultarse; por el contrario, participa activamente de la identidad del edificio, aportando orden, escala y robustez.
Esta búsqueda de honestidad material atraviesa también los interiores, donde los espacios priorizan claridad, flexibilidad y permanencia por sobre recursos efímeros o decorativos.

La incorporación de vegetación no aparece en el proyecto como un recurso escenográfico sino como parte constitutiva de la arquitectura. Los balcones verdes funcionan como filtros visuales, reguladores ambientales y elementos capaces de transformar la atmósfera doméstica de cada unidad.
Las expansiones incorporan sistemas de riego integrados y canteros diseñados como parte fija de la arquitectura, construyendo una continuidad vegetal visible tanto desde el interior como desde la ciudad. Esta capa verde suaviza la presencia mineral del edificio y genera un microclima doméstico más amable, silencioso y contenido.
La fachada cambia con el tiempo, incorporando crecimiento, sombra y variación natural como parte de su identidad.

El proyecto trabaja sobre una optimización precisa de las superficies sin caer en la sensación de compactación extrema habitual en gran parte de la vivienda urbana contemporánea. Las unidades fueron pensadas para maximizar amplitud perceptual, iluminación natural, capacidad de guardado y flexibilidad de uso.
Las cocinas integradas, el mobiliario incorporado y la concentración eficiente de instalaciones permiten liberar superficie útil y construir espacios domésticos más abiertos y fluidos. Los ambientes buscan responder a nuevas dinámicas de habitar donde cocinar, trabajar, descansar y reunirse suceden de manera integrada dentro de un mismo sistema espacial.
La arquitectura evita los excesos tecnológicos y los amenities artificiales para enfocarse en aquello verdaderamente esencial: buena luz, ventilación, materialidad noble, exterior cotidiano y espacios capaces de adaptarse con naturalidad a distintas formas de vida.
Ubicado dentro del corredor DOHO, en el límite entre Villa Urquiza y Belgrano R, Lugones 1787 se inserta en un barrio que atraviesa un proceso de transformación progresiva, donde nuevas formas de densidad residencial conviven con una fuerte identidad barrial y una presencia consolidada de vegetación y espacio público.
El edificio adopta una escala deliberadamente contenida, evitando la lógica de maximización extrema para priorizar calidad espacial, privacidad y relación con el entorno inmediato. La baja cantidad de unidades permite construir una experiencia residencial más tranquila y cercana, donde las áreas comunes y los espacios compartidos mantienen un carácter doméstico y no corporativo.
Más que un objeto autónomo, el proyecto busca integrarse silenciosamente al tejido urbano existente, aportando densidad habitacional sin perder escala humana ni relación con el barrio.




