Residencias autónomas en la selva
San Jose, Misiones, Argentina — 2024
En el corazón de la Finca El Pongo, Jujuy, un sistema de unidades productivas fue concebido para ampliar la capacidad agrícola del complejo de cannabis medicinal más ambicioso de Latinoamérica. Más que un conjunto de invernaderos, el proyecto organiza territorio, infraestructura, recursos naturales y logística para hacer posible una nueva forma de producción integrada entre inversión privada, tecnología agrícola e industria farmacéutica.
Las grandes industrias no se construyen únicamente con edificios. Se construyen creando las condiciones físicas capaces de sostener una visión de largo plazo.
Entre 2022 y 2023, como parte de la expansión del complejo agroindustrial Cannava en la Finca El Pongo, desarrollamos el plan maestro para las Unidades Productivas de Producción (UPP), un sistema territorial diseñado para multiplicar la capacidad agrícola del proyecto y acompañar el crecimiento de la planta de procesamiento de cannabis medicinal más grande de Latinoamérica.
La iniciativa respondía a una estrategia innovadora impulsada por la provincia de Jujuy: permitir que inversores privados produjeran materia prima dentro de un entorno regulado y controlado por el Estado, manteniendo la trazabilidad completa de los cultivos y aprovechando la infraestructura industrial ya desarrollada por Cannava para el procesamiento farmacéutico de cannabinoides.
La arquitectura debía responder a una pregunta inédita: ¿cómo diseñar un territorio capaz de albergar una nueva industria?

El proyecto se desarrolla sobre más de 80 hectáreas destinadas a la producción intensiva de cannabis medicinal bajo condiciones controladas.

A diferencia de un loteo convencional o un parque industrial tradicional, las UPP fueron concebidas como una plataforma productiva integral donde cada parcela forma parte de un sistema mayor. La disposición de los invernaderos, la red vial, los servicios, la infraestructura hídrica y las áreas operativas fueron diseñadas simultáneamente para maximizar productividad, eficiencia logística y aprovechamiento ambiental.
Cada unidad fue pensada para funcionar de manera autónoma, pero integrada dentro de una estructura común que garantiza trazabilidad, seguridad y eficiencia operativa.
La organización espacial del conjunto surgió de un extenso trabajo interdisciplinario que involucró arquitectos, ingenieros agrónomos, ingenieros civiles, especialistas en recursos hídricos, bioquímicos y técnicos agrícolas.

Se realizaron estudios topográficos, hidrológicos, eólicos y de asoleamiento que permitieron determinar la orientación óptima de calles, parcelas e invernaderos. La disposición final no responde a una geometría arbitraria sino a la búsqueda de las mejores condiciones ambientales para el desarrollo de los cultivos.
La posición de cada estructura fue cuidadosamente evaluada para optimizar la captación solar, minimizar interferencias por sombras y mejorar el comportamiento térmico general del conjunto, aprovechando las condiciones climáticas particulares del valle de Perico.
La capacidad de procesamiento proyectada para Cannava exigía una escala de producción agrícola sin precedentes en la región.

Los invernaderos, importados y ensamblados en Jujuy, fueron concebidos para operar junto a sistemas de iluminación suplementaria capaces de controlar artificialmente los ciclos de fotoperiodo. Esta tecnología permitía desacoplar la producción de las restricciones estacionales tradicionales y generar múltiples ciclos productivos a lo largo del año.
El objetivo era garantizar un flujo constante de biomasa vegetal destinada a la extracción de CBD y THC, alimentando de manera continua las instalaciones industriales del complejo.
La agricultura se integraba así a una lógica industrial de producción permanente.
El sistema productivo fue complementado por una infraestructura hídrica diseñada para asegurar el abastecimiento permanente del complejo.

La creación de reservorios y sistemas de distribución permitió gestionar eficientemente uno de los recursos más críticos para el funcionamiento de la operación agrícola. Estos cuerpos de agua no solo cumplen funciones técnicas, sino que pasan a formar parte del paisaje productivo del proyecto, estableciendo nuevas relaciones entre infraestructura, ambiente y territorio.
La presencia de áreas verdes, corredores vegetales y espacios de amortiguación ambiental contribuye a integrar la escala industrial de la operación dentro del ecosistema de la finca.
Las Unidades Productivas de Producción constituyen una pieza fundamental dentro de la transformación de El Pongo en uno de los complejos agroindustriales más avanzados de América Latina.

Más que diseñar un conjunto de invernaderos, el proyecto permitió materializar una infraestructura capaz de vincular investigación, cultivo, procesamiento industrial y desarrollo farmacéutico dentro de un mismo territorio.
La arquitectura deja de actuar como soporte físico para convertirse en una herramienta estratégica al servicio de una nueva industria.
Las UPP representan la construcción de una plataforma territorial pensada para sostener el crecimiento de una economía emergente y demostrar cómo el diseño puede participar activamente en la creación de nuevos modelos productivos.



