Pabellón Cannava 2022
La Rural, Avenida Sarmiento, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina — 2022
En gran parte del territorio rural argentino, la arquitectura todavía depende de sistemas simples, recursos limitados y procesos de crecimiento imprevisibles. Lejos de entender esa condición como una carencia, este proyecto propone una arquitectura capaz de adaptarse al tiempo, al clima y a la disponibilidad real de recursos, construyendo una infraestructura educativa flexible, autosuficiente y profundamente vinculada al paisaje.
En las regiones rurales del norte argentino, los edificios suelen compartir una misma condición esencial. La escuela, la sala sanitaria, el galpón o la pequeña infraestructura pública aparecen como variaciones de una lógica constructiva común, desarrollada lentamente a partir del clima, la economía de medios y la necesidad de permanencia.
Lejos de buscar una imagen icónica o autónoma, el proyecto asume esa tradición como punto de partida. La cubierta inclinada, las galerías, los espacios intermedios y la ventilación cruzada no aparecen como recursos estilísticos, sino como respuestas acumuladas a décadas de experiencia territorial.
La arquitectura se entiende aquí como una continuidad del paisaje productivo y climático del norte argentino.
El proyecto no fue concebido como un edificio único y cerrado, sino como un sistema modular capaz de crecer, transformarse y adaptarse a diferentes contextos geográficos y presupuestarios.
Cada módulo puede funcionar de manera relativamente independiente, permitiendo distintas configuraciones según las necesidades de cada comunidad. Las aulas, patios, núcleos sanitarios y espacios de uso común pueden expandirse progresivamente sin alterar la lógica general del conjunto.
Esta condición abierta permite que el edificio acompañe procesos reales de crecimiento, evitando que la falta inicial de recursos limite futuras expansiones.
Más que una forma terminada, la arquitectura propone una estructura evolutiva.

Cada módulo es un recinto educativo independiente. Está concebido para adaptarse a las necesidades de cada escuela expandiéndose sencillamente agregando tantos módulos de aulas como sea necesario. Se debe tener en cuenta que el agregado de aulas requiere mayor cantidad de módulos sanitarios también.
Los módulos sanitarios incluyen dos baños y una sala de máquinas, que se utiliza para el almacenamiento de las baterías y el sistema eléctrico que alimenta al edificio y la bomba de agua (eólico y fotovoltaico).
El módulo posee además su propia circulación, lo que posibilita su inserción entre aulas o al final de ellas. Cuando se ubica al lado del módulo de patio, amplía las dimensiones totales ya que suma su propia circulación a la del patio.
El primer módulo instalado debe incluír siempre los generadores eléctricos y bomba de agua.
Puede utilizarse practicamente en cualquier situación dentro del conjunto. Debe tenerse en cuenta que los módulos de aulas tengan acceso directo a este.
Se ejecuta sin apoyos intermedios para garantizar su uso continuo para actividades recreativas. Puede sumarse al módulo SUM para agrandar sus dimensiones.
Se ubica en las cabeceras de las barras y permite el giro de la trama para el armado de claustros o semi claustros según lo requiera el programa. Contiene un bloque de cocina y de oficina optativo. No posee apoyos intermedios para facilitar actividades de diversas características, deportivas, culturales y también puede ser utilizado en su totalidad o en parte como comedor de la escuela.
La estrategia ambiental del proyecto se apoya en sistemas pasivos de acondicionamiento capaces de reducir al mínimo la dependencia tecnológica.
La ventilación cruzada natural utiliza la diferencia térmica entre galerías y lucernarios para generar corrientes de aire constantes durante las estaciones cálidas, mientras que en invierno el edificio aprovecha la radiación solar y el efecto invernadero para conservar temperatura interior.
La iluminación natural también forma parte central de la propuesta. Las aulas reciben luz tamizada desde las galerías y luz indirecta desde lucernarios superiores, evitando deslumbramientos y reduciendo la necesidad de iluminación artificial durante gran parte del día.
El conjunto incorpora además sistemas de captación de agua de lluvia, generación eólica y solar, huertas y esquemas básicos de autosuficiencia energética e hídrica, entendidos no como gestos tecnológicos aislados, sino como parte integral de la vida cotidiana del edificio.

El esquema de ventilación cruzada natural del edificio, garantiza la renovación de aire en todas las áreas de uso, al mismo tiempo que equilibra las temperaturas bajo los techos.
En las estaciones cálidas, los lucernarios actúan como grandes chimeneas que llevan hacia el exterior el aire caliente ascendente creando así la corriente de aire fresco necesaria para la refrigeración de las aulas.
En las estaciones frías, las ventanas se cierran, generando de este modo un recinto que se calefacciona por radiación y conducción del calor solar.
En regiones más frías, la galería se cierra con cortinas plásticas enrollables transparentes, que posibilitan la generación de un sistema pasivo de calefacción tipo “muro trombe”.
La iluminación de las aulas se efectúa por medio de ventanas de abrir o corredizas (dependiendo de la región) orientadas al noroeste, que reciben luz solar indirecta tamizada por una clásica y tradicional galería de campo.
El esquema de iluminación se completa con un aventanamiento superior orientado al sureste, que ingresa luz en el sentido opuesto a las ventanas. Esto es de gran utilidad para eliminar posibles sombras que perturben la lectoescritura.
Estos lucernarios se ejecutan íntegramente en chapa acanalada de aluminio cincado, lo que proporciona mayores rebotes de luz hacia el interior del edificio.
La materialidad del proyecto fue pensada desde una lógica de adaptación regional. La estructura metálica, la mampostería portante y los cerramientos livianos pueden modificarse según las condiciones productivas y técnicas de cada lugar sin alterar el funcionamiento espacial ni climático del sistema.
La arquitectura evita depender de soluciones complejas o tecnologías difíciles de mantener. En cambio, propone una construcción racional, sencilla y durable, capaz de ser ejecutada con mano de obra local y materiales de amplia disponibilidad.
La flexibilidad material no busca cambiar la identidad del proyecto, sino garantizar su posibilidad real de construcción en territorios diversos.
En territorios atravesados por la incertidumbre económica y las transformaciones sociales, la arquitectura rara vez permanece estática.
El proyecto asume esa condición desde el inicio. Su capacidad de expansión, adaptación y reconfiguración permite que la escuela evolucione junto a la comunidad que la utiliza.
Más que imponer una forma definitiva, la arquitectura establece un marco flexible donde el tiempo, el uso y el paisaje completan el proyecto.
Se compone de dos módulos de aulas, uno sanitario y uno de patio, que oficia de acceso al edificio y permite actividades bajo condiciones climáticas diversas. En esta etapa se incluyen además las instalaciones generales en el módulo sanitario.
Nuevos módulos no requerirán sala de máquinas. En ese caso, el recinto puede ser utilizado como espacio de guardado.
En esta etapa se adjunta el módulo SUM. En este tipo de armado (ver figura), se aprovecha al máximo la superficie, ya que se expande el SUM a través del patio cubierto y el área circulatoria del módulo sanitario. Generando de este modo un gran espacio interior que permite una gran diversidad de actividades.
Las posibilidades de expansión del edificio son variadas. Las combinaciones de módulos posibilitan que el proyecto se adapte a practicamente cualquier programa, sitio de implantación o simplemente a los recursos económicos disponibles inicialmente.

“La arquitectura rural no necesita imponerse sobre el territorio.
Necesita aprender a crecer con él.”


