En Finca El Pongo, uno de los enclaves históricos más significativos de Jujuy, el nuevo edificio para el complejo biotecnológico de Cannava surge como parte de una transformación productiva inédita en la región. Vinculado a la investigación y producción de cannabis medicinal, el proyecto propone una arquitectura capaz de articular ciencia, paisaje y territorio sin perder de vista la escala cultural y ambiental del lugar. Más que un edificio autónomo, la intervención funciona como una nueva infraestructura de conexión: un gran sistema continuo que reorganiza estructuras existentes, integra nuevas dinámicas de trabajo e instala una identidad contemporánea para un programa profundamente ligado al futuro productivo de la provincia.

Tipología Industrial, Oficinas, Reconversión, Salud
Ubicación Finca El Pongo, Jujuy, Argentina
Cliente Cannava S.E.
Año 2022
Superficie 430 m²

Un nuevo sistema sobre la finca

En el paisaje abierto de Finca El Pongo, en Jujuy, el nuevo edificio para el complejo de biotecnología de Cannava surge como una operación de articulación más que como un objeto autónomo. El proyecto no busca imponerse sobre el territorio, sino ordenar una serie de estructuras preexistentes dispersas, consolidando un nuevo sistema de relaciones entre arquitectura, producción, investigación y paisaje.

La intervención parte de una necesidad concreta: conectar cuatro edificios existentes dentro del campus científico y dotarlos de nuevos espacios de oficinas, reunión y soporte técnico. Sin embargo, lejos de resolver esta demanda mediante una pieza aislada, el proyecto propone una arquitectura continua, capaz de cubrir, enlazar y reorganizar el conjunto bajo una nueva identidad común.

La operación arquitectónica se materializa a través de una gran cubierta longitudinal que actúa como un “manto” sobre las construcciones existentes. Más que un techo, esta nueva estructura funciona como un elemento de cohesión espacial y visual, estableciendo continuidad entre partes originalmente fragmentadas.

Arquitectura y paisaje

Rodeado por vegetación, caminos rurales e instalaciones productivas, el edificio busca integrarse al entorno desde una lógica de baja estridencia. La gran fachada vidriada refleja el paisaje circundante y diluye parcialmente la escala de la intervención, incorporando el movimiento del cielo, la vegetación y la luz cambiante del valle jujeño.

Esta decisión genera una tensión deliberada entre presencia y desaparición. El nuevo volumen adquiere una imagen tecnológica y contemporánea, pero al mismo tiempo evita competir con el edificio histórico cercano, estableciendo con él una relación de contraste sereno más que de confrontación formal.

Más que una pieza icónica, el edificio propone una arquitectura de conexión. Una intervención que entiende el crecimiento tecnológico no como ruptura con el paisaje y la historia del lugar, sino como una nueva capa capaz de integrarlos dentro de una misma continuidad territorial.

Infraestructura y continuidad

El proyecto debía resolver además una compleja superposición de infraestructuras existentes. La unificación de los cuatro sectores implicó relocalizar instalaciones, reorganizar circulaciones y adaptar sistemas técnicos en funcionamiento permanente.

En lugar de ocultar esa condición, la propuesta asume su carácter infraestructural y trabaja desde la continuidad constructiva, replicando criterios estructurales y materiales presentes en las edificaciones originales para generar una transición natural entre lo existente y lo nuevo.

La cubierta inclinada metálica constituye uno de los elementos centrales de la operación técnica y espacial. Su geometría dirige el agua hacia una gran canaleta de hormigón armado diseñada para alejar rápidamente las precipitaciones de las áreas más sensibles del laboratorio, donde las condiciones de funcionamiento exigen máxima estabilidad y control.

En este contexto, el manejo hidráulico deja de ser un aspecto secundario para convertirse en parte esencial de la arquitectura. La cubierta no solo protege: organiza, vincula y estructura el funcionamiento integral del complejo.

Materialidad e identidad institucional

La materialidad refuerza esta condición híbrida entre edificio e infraestructura. El hormigón visto aporta masa, inercia y permanencia, mientras que las grandes superficies vidriadas introducen reflejo, profundidad y variación lumínica.

La combinación de ambos materiales construye una imagen institucional sobria, asociada a precisión, estabilidad y durabilidad, cualidades directamente vinculadas al carácter científico y productivo del complejo.

El resultado es una arquitectura que evita el gesto espectacular para concentrarse en construir relaciones: entre edificios, entre tecnologías, entre clima y materia, entre paisaje e infraestructura científica.

Créditos
Equipo de proyectoArq Elena LeguíaArq. Guillermo YiasArq. Esteban PaladinoCálculo estructural: Arq. Juan Carlos Bigiatti
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