Expocannabis 2021
La Rural, Avenida Sarmiento, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina — 2021
La transformación de la Finca El Pongo en un complejo agroindustrial y biotecnológico de escala internacional no comenzó con un edificio, sino con una pregunta territorial: cómo ordenar, conectar y proyectar una infraestructura capaz de sostener una nueva industria en pleno proceso de expansión. Sobre más de 160 hectáreas de paisaje productivo jujeño, el estudio desarrolló entre 2022 y 2023 un masterplan integral que reorganizó flujos, usos del suelo, sistemas operativos, infraestructura y crecimiento futuro dentro del campus de Cannava.
En el corazón de la Finca El Pongo, sobre más de 160 hectáreas de producción agrícola y paisaje histórico jujeño, el estudio desarrolló entre 2022 y 2023 el plan maestro integral para el crecimiento del complejo agroindustrial y biotecnológico de Cannava. El proyecto no consistió únicamente en proyectar edificios: implicó ordenar un territorio completo, reconstruir su lógica operativa y establecer las bases físicas, técnicas y estratégicas para el desarrollo de una nueva industria en Argentina.
Cuando el equipo llegó a la finca, gran parte de la documentación existente estaba incompleta, fragmentada o directamente inexistente. No había una base planimétrica consolidada ni una lectura integral del funcionamiento territorial. Frente a esa condición, el trabajo comenzó desde cero: relevamientos extensivos, reconstrucción de información, digitalización de datos y análisis de funcionamiento de cada sector del campus agroindustrial.
Cada acequia, cada drenaje, cada edificio, cada camino y cada instalación fueron recorridos, medidos y documentados. El proyecto incorporó además entrevistas estratégicas con todas las áreas operativas —infraestructura, laboratorio, campo, planeamiento y dirección general— para comprender no solo el territorio físico, sino también las dinámicas humanas y productivas que sostenían el complejo.
El resultado fue mucho más que un masterplan convencional. Fue la construcción de una inteligencia territorial capaz de coordinar crecimiento, producción, logística, infraestructura y expansión futura dentro de una operación agrícola-industrial de escala inédita para el país.
La complejidad del proyecto residía en que la finca no funcionaba como un parque industrial aislado, sino como un ecosistema híbrido donde convivían cultivos, laboratorios, sistemas de riego históricos, edificios patrimoniales, nuevas infraestructuras biotecnológicas y enormes áreas de expansión futura.
El masterplan propuso entonces una nueva estructura organizativa del territorio: una zonificación clara, flexible y escalable, capaz de acompañar el crecimiento acelerado de la producción sin perder eficiencia ni legibilidad operativa.
El trabajo incluyó:
La escala territorial obligó a pensar el proyecto casi como una pequeña ciudad industrial en transformación permanente.


El plan maestro integró una serie de edificios estratégicos desarrollados por el estudio junto a arquitectos e ingenieros locales de Jujuy. Cada uno respondía a necesidades técnicas específicas dentro de la cadena productiva del cannabis medicinal, pero al mismo tiempo debía formar parte de una visión unificada del campus.
Entre los proyectos incorporados al masterplan se encuentran:
El complejo de hornos de secado, por ejemplo, fue concebido como una gran plataforma operativa para maquinaria agrícola y sistemas industriales de secado, integrada bajo una cubierta de gran escala.
La arquitectura no se planteó como un conjunto de objetos autónomos, sino como un sistema coordinado de producción, circulación y crecimiento.

Uno de los aspectos centrales del proyecto fue el estudio detallado de los flujos productivos del cannabis medicinal. El masterplan modeló los recorridos completos del producto vegetal dentro del campus: desde el cultivo y la cosecha hasta el trimming, secado, envasado, guardado y distribución.
Estos esquemas permitieron:
La finca comenzó entonces a pensarse como una infraestructura dinámica, donde arquitectura, logística y producción funcionaban de manera simultánea.

Lejos de imponer una lógica industrial aislada del entorno, el proyecto buscó integrarse a la estructura agrícola y paisajística existente de El Pongo.
Las acequias históricas, los sistemas de riego, las pendientes naturales y la vegetación existente pasaron a formar parte activa del diseño territorial. El paisaje dejó de ser fondo para convertirse en infraestructura.
El masterplan incorporó además criterios de sustentabilidad y eficiencia a gran escala:
La intención no era solamente construir más, sino construir con capacidad de adaptación.
Quizás el aspecto más complejo del trabajo fue organizacional.
El estudio no solo desarrolló arquitectura e infraestructura: también colaboró en la construcción de nuevas metodologías de coordinación y planificación para una operación de enorme escala y rápido crecimiento. El proyecto incluyó capacitación de equipos, creación de nuevas bases de datos, digitalización documental y protocolos de comunicación entre áreas.
Se conformó y coordinó además un equipo local de arquitectos jujeños para sostener el relevamiento, documentación y mantenimiento evolutivo de la finca.
En ese sentido, el masterplan funcionó simultáneamente como proyecto arquitectónico, herramienta operativa y plataforma de gestión territorial.
El proyecto para la Finca El Pongo representa una de las experiencias de planificación agroindustrial y biotecnológica más complejas desarrolladas por el estudio.
Más que diseñar edificios aislados, el trabajo consistió en proyectar relaciones: entre producción y paisaje, entre infraestructura y territorio, entre crecimiento industrial y precisión operativa.
En una industria emergente, atravesada por cambios tecnológicos, regulatorios y productivos permanentes, el verdadero desafío no era únicamente construir arquitectura, sino construir capacidad de transformación.